miércoles, 29 de diciembre de 2010

XGames 2010




Un deporte extremo es aquel cuya práctica lleva inmersa una inminente peligrosidad. Es un deporte en el que por algún momento arriesgamos nuestras vidas, y que, durante su práctica genera una cantidad de adrenalina que provoca una especie de éxtasis en el ser humano. Este riesgo que arropa el deporte extremo, puede crear adicción, o, en mi caso, miedo. Mucho miedo. Tanto miedo que tras haber intentado practicar varios deportes de esta categoría, terminé entendiendo que nunca podría disfrutarlos. Claro, los llevaba a cabo, ¿Cómo no hacerlo? Una vez que estas arriba tienes que saltar ¿no?

La decisión de saltar o no desde un avión se toma en tierra, no en el avión. En el avión ya no hay vuelta atrás. Y así sucede en todos los deportes extremos. Una vez que estás arriba, saltas. Porque una característica primordial de estas actividades de riesgo es que siempre vas acompañado de tres, seis o más personas que te animan a seguir adelante, y si no lo haces, eres, en términos coloquiales, una gallina. Por tanto, si subes, saltas.

Después de saltar, zambullirme, hacer triples-mortales (que no llegaban a ser medio mortal), se desencadenaban en mí tres sentimientos: en primer lugar, el dolor de alguna parte del cuerpo que por antonomasia se lesionaba. En segundo lugar, y detonado por el dolor, sentía agradecimiento por no haber sucumbido segundos antes. Y, en tercer, y último lugar, sentía cansancio. Finalmente, mientras todos se decían el uno al otro quien era el más valiente, yo bostezaba y continuaba agradeciendo a Dios.

Eso fue el 2010. Un año de deporte extremo. Un año lleno de saltos al vacío, de caídas libres por varios kilómetros, de piruetas mortales, de andanzas en cuerdas flojas y de paseos sin brújulas.

Hasta aquél que no disfruta, en lo absoluto, de los deportes extremos los tuvo que vivir. Tuvo que experimentar el riesgo de pérdida, el extravío del control, el contacto directo con lo desconocido y la cercanía absoluta a un yo errante. Todos, durante este año extremo, nos vimos en situaciones realmente atemorizantes. Situaciones que nunca imaginamos vivir y que sin embargo las pudimos superar. Sin darnos cuenta, y cuando ya nos encontrábamos en el avión, a muchos pies de altura, dimos muchos saltos al vacío. A veces creímos que sabíamos exactamente el lugar donde íbamos a aterrizar, y sin embargo, no fue así. No tuvimos tiempo de pensar, o de analizar los movimientos. Fuimos destinados a un ejército sin entrenamiento. Estuvimos perdidos, vagando entre la maleza hasta ubicar nuestro norte. Pensamos que nunca divisaríamos el horizonte que buscábamos.

De pronto un horizonte borroso se perfila frente a nosotros, y nos destina ha seguir adelante. Y, aunque el cansancio ya hace mella en nuestros músculos, seguimos adelante. Seguimos, porque ahora, con los pies en la tierra, podemos sentirnos campeones. Campeón por haber saltado del avión cada vez que te viste en uno. Campeón por haber enfrentado a tantos demonios. Campeón por haberte hecho amigo de ti mismo. Campeones por haber superado todas las pruebas de preparación para un futuro maravilloso. Campeones por haber esperado hasta el final. Campeones por no haber desistido en la lucha. Campeones por haber soportado uno, dos y tres golpes. Campeones que, para el próximo año recibirán como recompensa un trofeo mágico.

El 2010 ha terminado. Durante 365 días hemos estado en una gran caída libre, pero ya hemos llegado a tierra. Ahora es momento de respirar normalmente, de regularizar las pulsaciones de nuestro corazón, de decirle a nuestros cuerpos que ya todo ha pasado. Ahora es momento de sentir esa relajación que sigue a la descarga de adrenalina y de agradecer a Dios por habernos mantenido con vida. Ahora es momento de brindar por todos los campeones que habitan el planeta tierra.

martes, 28 de diciembre de 2010

Herodes, te salió muy mal





Es indiscutible la capacidad que tienen los hombres de terminar celebrando los hechos que durante algunos años pudieron ser conmemorados con las banderas a media asta y ceremonias en silencio. El recordar año tras año un día específico, en el que sucedieron hechos cargados de tristeza, nos lleva, en algún momento, a su obligatoria conversión en un día cargado de fiestas y alegría. Pasa de ser un recuerdo desolado a uno que nos da la oportunidad de reír.

Y, eso fue, precisamente, lo que hicimos con el día de hoy. Del mismo modo ocurre con muchos recuerdos y acontecimientos. Paulatinamente y por mero sentido de supervivencia nos vemos en la imperiosa necesidad de convertir la hiel en miel. Puede que tengan que transcurrir algunos años, pero siempre, siempre operará esa transformación necesaria.

Hace muchos años –todos los de Cristo-, Herodes, un Señor que siempre me ha caído muy mal, decidió mandar ha asesinar a todos los niños varones menores de dos años nacidos en Belén, para acabar con la vida del recién nacido hijo de Dios y verdadero Rey de Reyes: Jesús. Herodes, mientras se comía una jugosa pata de pavo, recibió la visita de los Reyes Magos. Inocentemente –de allí el nombre de la festividad- los reyes magos tuvieron la genial idea de ir a contarle a Herodes que habían adorado al hijo de Dios hacía unos días en un pesebre. Y lo que sucedió después del chisme ya lo sabemos.

Es de suponer que durante muchos años este día significó rememorar a todas aquellas pequeñas vidas que fueron arrancadas de los brazos de sus madres. Puedo imaginar la tristeza que por mucho tiempo embargó al 28 de diciembre. Y, sin embargo, hoy, dos mil diez años después, este día es de algarabía.

Mas que de algarabía, yo diría que es de Alerta Roja.

El sentido del humor de las personas que me rodearon durante mi infancia y adolescencia era realmente extraño. Es decir, ¿Porqué decirle a una niña de 10 años que su tío a muerto? ¿Porqué decirle que su mejor amigo se ha cambiado de colegio? ¿Por qué decirle que el perro se ha comido a su hámster? ¿Porqué decirle que el presidente del país ha dimitido? ¿Porqué decirle 24 horas después que ha regresado al poder?... Y, mientras fui creciendo la intensidad y morbosidad de las mentiras fue en aumento. Año tras año fui temiendo más la llegada de este día. Y, en definitiva, eso fue lo que provocó que cada 28 de diciembre yo encendiera una luz de alerta ante cada noticia, mensaje, palabra dicha o no dicha, expresión, notita secreta, llamada telefónica, etc. La imaginación de las personas evoluciona, y no importa cuantas bromas te hayan gastado en tu vida porque siempre volverás a caer. Hoy no creo, con todo el respeto de mi Señor, ni el padre nuestro.

Pero la etapa crítica es la comprendida entre los 8 y 20 años. Ese es el momento mas alarmante porque durante esos años no existe el temor, ni se tiene conocimiento de la teoría Causa-Efecto. Nada importa y por tanto, las bromas pueden llegar a causar estragos en tu vida. Atentan contra tu integridad psicológica, tus amistades, tus relaciones de pareja, tu sexualidad. Para hacerlo mas trágico y mortíferamente dañino, quien cae en la broma siempre buscará VENDETTA, y durante todo un año, planificará la manera de hacer pagar a su verdugo. ¡Cuánto agradezco a Dios haber pasado por esa humillante etapa y haber salido ilesa!

Hoy leí las noticias del periódico matutino, y sin embargo no las creí, porque, seguramente, eran mentiras. La luz no subió en España, por tanto seguirá costando lo mismo en el 2011, y tampoco hará mas frío. Las temperaturas subirán y un sol radiante nos arropará durante lo que queda de año.

No puedo dejar de pensar en un amigo, y compañero, que cumple años hoy. Imagino a su padre llamando a los familiares:

-¡Que estamos en el hospital! ¡Ha nacido el Bebé!

Y todos respondiendo: “Si, Si, ya…”

-¡Que sí! ¡Que ya nació!

-Si… si… claro…

Al pobre bebe nadie lo visitó hasta el día siguiente.


Una vez más, el bien triunfa sobre el mal. Herodes no logró asesinar a nuestro Señor Jesucristo. Y hoy, en vez de llorar – que seguramente era lo que buscaba – reímos a mandíbula batiente de la inocencia propia y ajena. –Más de la ajena que de la propia-. Te salió mal Herodes. Te salió muy mal.

domingo, 26 de diciembre de 2010

La apertura de regalos


Quizás la imaginación de cuatro niñas de entre 5 y 7 años, sea realmente poderosa, pero de lo que sí estoy segura, y nadie, nunca, podrá hacerme dudar, es de que nosotras vimos a Santa. La noche del 24 de diciembre del año 1987 –si mi memoria no me falla-mientras nosotras jugábamos en la terraza de la casa de la abuela a detectar la presencia de un fantasma, los adultos debatían en la cocina, sobre el incremento del precio del barril de petróleo. En aquella casa, según se rumoreaba, habitaba el espíritu de un hombre con sombrero que aparecía por las noches. Así pues, y en aras de lograr detectar alguna señal de aquel alma en pena, nos sentamos mirando hacia el cielo. Inmóviles y en completo silencio. Y fue allí, mientras jugábamos a cazar a un fantasma, cuando vimos el trineo de Santa. Y no, no era una estrella fugaz ¡por Dios! En aquél momento ya sabíamos la diferencia entre un trineo, una estrella, un avión y Super Man.

En medio de nuestra estupefacción pudimos entender lo que había sucedido, y rápidamente nos dirigimos al árbol de navidad. Al llegar al sitio, nos embargó una alegría que no se puede explicar con palabras. Allí, junto al árbol, y las miradas expectantes de nuestros padres, tíos, y abuelos, se encontraban nuestros regalos.

Una niña puede que se haya equivocado, pero cuatro niñas no. Nosotras vimos el trineo de Santa.

¿Existe algo más hermoso que ese momento en el que los niños encuentran los regalos bajo el árbol? Es magia pura. No importa lo que este pasando en tu vida. Puede que te hayan despedido de tu trabajo, y que en tu cuenta bancaria esté en números rojos, o puede que estés lejos de los tuyos o que se te haya quemado el pavo en el horno. Pero si estás ahí, en ese momento, en el que un niño encuentra su regalo, y mira a su papa y a su mama enseñándole su tesoro, mientras sonríe y le brillan los ojos, todo se esfuma. No hay tristeza o melancolía que la apertura de regalo de un niño no pueda curar.

Si yo pudiera elegir una profesión en este preciso instante, sería la de “observadora internacional de apertura de regalos”. Me dedicaría a ir de casa en casa justo en el momento en el que los niños encuentran los regalos. Y luego les acompañaría al parque a estrenar la bicicleta y los patines, y les haría un video mientras intentan mantenerse en una pieza. Pero también captaría las caras de los padres. Esos padres que sin importar lo que sucede en sus vidas, disfrutan con sus hijos mientras se caen con los patines nuevos. Grabaría sus carcajadas para luego copiarlas en un CD. Luego, enviaría por correo las imágenes de aquel día. Así nunca olvidarían lo hermoso de aquel momento. Así nunca olvidarían que ese niño, es y siempre será la fuente de sus alegrías e ilusiones.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Cumpleaños Jesús


¡Todo el mundo está de fiesta! Mañana, se celebra el cumpleaños mas celebrado de todos los tiempos. Mañana, cumple años Jesús, y todo debe estar preparado. Todo debe quedar perfecto.

¡Cuánto me hubiese gustado vivir durante aquellos años! Me hubiese encantado conocerle en carne y hueso. Seguramente no hubiera tenido palabras para dirigirme a él. Sé que solo hubiese llorado. Pero después de un rato, o quizás en una segunda o tercera oportunidad, yo hubiera intentado hablar; Me hubiese dicho a mí misma: “¡Por favor! ¡Compórtate! ¡Es tu oportunidad! ¡No la desperdicies!... Él me hubiese secado mis lágrimas. Y con tan solo mirarme a los ojos, Él me hubiera limpiado el corazón.

Si Dios decidiera enviar nuevamente a su hijo ¿Qué pasaría en el mundo?

Si de pronto nos enterásemos que el hijo de Dios ha nacido, y que fue registrado bajo el nombre de Jesús Segundo, ¿Qué haríamos? ¿Quién le creería? ¿Quién intentaría matarle esta vez? ¿Quiénes le defenderían? Yo confío plenamente en mi mundo, y sé que, esta vez, sería diferente. Esta vez, le protegeríamos, y le enseñaríamos todo lo que hemos logrado con sus enseñanzas desde la última vez que vino a la tierra. ¡Sería maravilloso! Yo, particularmente, haría hasta lo imposible por convertirme en su niñera oficial. No pediría nada más. Le arrullaría, la daría el biberón, le cambiaría los pañales, dedicaría toda mi vida solo a cuidarle y a mirarle. Y, si sus padres decidieran que los mejores pañales son los de tela, yo seguiría cambiándole los pañales, y lavaría con ternura, el popó del hijo de Dios.

Me dedicaría a observarle. Esperaría a que diera su primer paso, a que dijera su primera palabra, y a que hiciera su primer milagro. También llevaría a mi madre a conocer al bebé. Ella es su fan. Seguramente, ella crearía el primer Club Oficial de Fans de Jesús Segundo.

Aprovecharía sus primeros años, porque sé que luego, el tomaría su camino. El tendría mucho por hacer fuera de casa. Pero yo le acompañaría mientras estuviera viva. Le compraría un blackberry para mantenerme siempre en contacto con él. Organizaría reuniones y llevaría su agenda. Seguramente iniciaríamos una empresa de coaching en la que él sería el protagonista. Le llevaría a comer jamón ibérico en Madrid, cachapas con queso de mano en Venezuela, pulpo en Galicia, pizza en Roma y perritos calientes en Manhattan. Además, pediría audiencia con algunos presidentes para que Él hablara con ellos, le diría “Por favor, Jesús, hazme este favor, habla con él, hazlo entrar en razón”.

Sé que Él iría a África, y pondría en sus tierras dos o tres ríos caudalosos. Irrigaría esas tierras para que las cosechas fueran prósperas. Multiplicaría 5 vacas en 10.000 millones de vacas para erradicar el hambre, y dividiría los 900 millones de armas entre su mismo número.

En América la pasaría genial. Bailaría salsa, merengue, cumbia, vallenato, reggeton, jazz, samba, rock y bachata. Allí sería donde daría sus mejores conferencias como coach. En América no pondría ríos porque ya tienen. En América, establecería un poco el orden, y también desaparecería varios millones de armas. Los Latin Kings, La Mara, Los Skin Heads, terminarían uniéndose a Él.

En Europa aprendería a hablar italiano, y multiplicaría un poco el producto interno bruto de algunos países para que dejaran de sufrir esa crisis. Pasearía por París, por la Europa del este, por los países bajos y por las islas canarias. De las Islas Canarias se llevaría varios botes de mojo picón. Luego, cuando hubiere perfeccionado su italiano, Él se hubiese acercado al Vaticano y allí, hubiesen tenido una muy, pero que muy larga conversación en secreto.

En Australia hubiese reparado un poco la Gran Barrera de Coral y hubiese buceado hasta agotar todas las botellas de oxígeno. También se hubiese maravillado con los canguros. Por ello, no hubiera comprado los testículos de canguro que venden como souvenir.

En Asia hubiese ampliado el territorio para que las personas se movieran con más comodidad. Además, hubiese creado un sistema de entradas y salidas de los metros con el cual las personas no saliera heridas cada vez que usaran ese medio de transporte. Allí no hubiera comido cucarachas ni ratas. Se hubiese decantado por los simples tallarines salteados con infinidad de ingredientes.

Si, yo creo que le gustaría este mundo… Yo creo que a nosotros nos gustaría tenerle aquí de nuevo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La Ley del Calcetín



De acuerdo al calendario gregoriano, hoy quedan 9 días para que se termine el año, lo que significa que dentro de unas 190 horas, tomaré un avión para reunirme con mi familia. Y,esto me ha hecho recordar, que debido a la macabra idea de un señor, ahora puedo andar en calcetines por cualquier aeropuerto del mundo.

En el año 2001, y con intenciones maléficas, un señor llamado Richard Reid –no el de Pretty Woman; otro Richard-, decidió darse unas vacaciones en Miami, llevando con él unos zapatos especiales. Richard, hijo de una señora inglesa y un señor jamaiquino, compró un billete para volar –en su sentido más explosivo- desde la ciudad de Paris hasta Miami. El 21 de diciembre de 2001, las autoridades aeroportuarias dilataron su abordaje, pues, les pareció extraño que para tan largo viaje, no hubiese facturado equipaje. Ese día, Richard no subió al avión. Sin embargo, al día siguiente, abordó el vuelo 63 de American Airlines.

Gracias al buen olfato de algunos pasajeros que ocupaban aquél avión, se descubrió que algo se estaba quemando. Al seguir el aroma, los pasajeros y tripulantes descubrieron a Richard, con un zapato en una mano, y una cerrilla encendida en la otra. Los zapatos no se queman, no en un vuelo aéreo, y menos aún en uno de American Airlines.

En estas situaciones, los seres humanos actúan con una coordinación realmente maravillosa. Inmediatamente, un pasajero cogió su botellita de agua y arrojó el contenido sobre el zapato de Richard. Otros dos lo inmovilizaron. Haciendo uso de los cinturones de seguridad le ataron de manos y pies. Una vez hecho esto, uno de los líderes de la operación hizo la pregunta de rigor: ¿Hay algún médico entre los pasajeros? Siempre hay un médico entre los pasajeros –gracias a Dios-. El médico, que iba de vacaciones a Miami, y había planificado no ejercer la medicina durante las siguientes dos semanas, levantó la mano y se acercó. Tras buscar en todos los mini-estuches de medicamentos que llevaban todas las mujeres del vuelo, se encontró con un tranquilizante. Finalmente, el galeno aplicó el tranquilizante a Richard, actualmente conocido como el “Shoe Bomber”.

El plan de Richard se vio burlado por la intervención heroica de los pasajeros del vuelo 63 de American Airlines. Personas que no se conocían entre ellas, pero que sin mirar atrás pusieron manos a la obra para detener al enemigo y salvar sus vidas y las de sus compañeros. Este tipo de intervenciones improvisadas de ciudadanos por una misma causa, nunca dejarán de maravillarme.

En el metro de Madrid, por ejemplo, lo he vivido en varias ocasiones. Todas han sido ocasionadas por la mala praxis de un carterista. Si algún pasajero ve a un carterista intentando hacerse con las pertenencias de alguien, da la alarma al resto de los ocupantes del vagón. Inmediatamente se coordinaran, le persiguen, y le esposan. Nunca sabré porque aquél señor llevaba esposas en su maletín, pero lo que nos importa es que en aquel momento, les dio el uso para el cual fueron creadas. Cuando llegó la Policía, ya se había reducido al ladrón, se le había esposado, y mientras yacía en suelo, con las manos en la espalda, se le habían leído sus Derechos.

Cuando veo actuaciones como estas, no puedo evitar emocionarme. En mi mente digo “¡Esa es mi gente!” “¡Esto es lo que somos!”

El hecho de que existan algunos Richards o Shoe Bombers en el mundo, no puede, de ninguna manera, contradecir la irrefutable bondad que en esencia nos caracteriza. La presencia de un Richard entre 200 pasajeros heróicos, no es prueba suficiente para dudar de nuestra propia naturaleza.

Lo que nunca pensó Richard, fue que, no solo no llevaría a cabo su retorcido plan, sino que, después de ese día, millones de personas podríamos andar libremente por todos los aeropuertos del mundo en calcetines. Nunca imaginó que justo después de aquél fallido plan, se promulgaría la Ley del Calcetín.

martes, 21 de diciembre de 2010

La noche de los millonarios





Puede que algunos hayan olvidado como soñar, o que se hayan visto coaccionados para dejar de hacerlo. Puede que incluso, al pasar de los años, hayan creído que no funcionaba, o que la desilusión de no ver ese sueño hecho realidad era peor que intentarlo. Pero hoy, 21 de diciembre, es un día en el que toda España sueña. Hoy, todos hacemos cálculos, invertimos, compramos casas, las alquilamos, vivimos de la renta, mientras se revalorizan las acciones que hemos adquirido, viajamos alrededor de todo el mundo, pagamos la hipoteca, montamos una empresa, le damos empleo a todos nuestros amigos, obligamos a nuestros padres a jubilarse, los enviamos en un crucero por dos meses con spa incluido, y nos compramos una cámara de las que usan los de National Geographic para inmortalizar todos estos momentos, pero sobre todo captar, y luego enmarcar, la fotografía en closeup de la cara de nuestros jefes.

Desde hace muchísimos años, los españoles sueñan esta noche.

Corría el año de 1812, cuando, mientras Napoleón vencía a los rusos, un terremoto destruía la ciudad de Caracas, se promulgaba la Constitución española, se creaba la bandera argentina y Estados Unidos declaraba la guerra a Reino Unido, en la ciudad de Cádiz, se celebró el primer sorteo de la Lotería de Navidad. El 18 de diciembre de 1812, resultó ganador el número 03604, con un premio de 8.000 pesos fuertes. (Peso fuerte o real de a ocho: moneda real, de plata, con valor de 8 reales). El ganador de aquel primer sorteo, seguramente aumentó la dote de su hija, compro dos caballos de raza y crines largas, pagó al recaudador de impuestos, encargó a un pintor hacer un cuadro familiar, adquirió 200 ovejas para iniciarse en el negocio de la lana, compró un burrito feo, y finalmente se pasó por las tierras en las que trabajaba por dos duros, montando su caballo nuevo de crines largas, las compró, montó a su jefe en el burrito feo, y lo mandó ha pastorear a las 200 ovejas.

El valor actual de esos 8.000 pesos lo desconozco, pero lo que si sé es que hoy, más de treinta millones de españoles están soñando al unísono. Las familias se sientan en las mesas a cenar mientras planifican el viaje y la compra de la casa nueva. Los jóvenes buscan en Internet el viaje al continente asiático. Los desempleados preparan el proyecto de la nueva empresa. Y de pronto, la ilusión vuelve… Si pudiera perpetuarse este momento… Si durante un mes o quizás tres, todos soñáramos como lo hacemos el día antes al sorteo de navidad, no volveríamos ha comprar lotería, porque ya seríamos, de hecho, millonarios. Y, quizás, mañana lo seamos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Hey Yu



Cuando te sientas como un bicho raro, piensa en los Beatles.

Actualmente, ellos son un ícono del rock and roll, pero llegar hasta donde lo hicieron no fue fácil. Nunca lo es. En cualquier biografía, de cualquier persona exitosa, podemos encontrar los mismos tropiezos, errores, intentos fallidos, engaños, desilusiones, y demás. Además, tienen en común el ingrediente secreto: todos han hecho lo que realmente les apasiona. Solo de esa manera, el sueño no les vence, las ganas no se agotan, la ilusión se mantiene intacta y la fuerza se renueva tras cada derrota.

Estos cuatro chicos, vestidos como tontos, con cortes de pelo de tonto, y haciendo bailecitos extraños, lograron acaparar al público inglés. Luego lo hicieron en Alemania, logrando enloquecer –literalmente- a todo aquél que les escuchaba. Y así, como un tsunami, fueron conquistando, con sus caras de tontos, todo el continente europeo.

De pronto, decidieron que era el momento de ir a Estados Unidos. Cuando las discográficas estadounidenses les escucharon no les pareció tan mal. Pero, cuando les vieron… Las discográficas creyeron que era una broma. Pensaron que iban disfrazados. Y durante mucho tiempo, les negaron la posibilidad de entrar al mercado norteamericano. Se burlaron de sus pelos, de sus ropas, de sus bailes, y de todo lo que hacían en escena. Posteriormente, un alma caritativa, sintió pena por aquellos cuatro bichos raros, y decidió hacer la obra de caridad del día, dándoles una oportunidad.

Lo que sucedió después, lo sabemos por nuestros padres. ¡Como bailaron sus canciones! En aquella época se bailaba el rock con estilo –a diferencia de ellos, mi generación no baila el rock, lo salta y sacude la cabeza haciendo cuernitos con los dedos de la mano-. Las cantaban sin saber inglés: “hey yu, don maiquibad…” “leribí, leribí, leribí” “yesterdei…ol mai trobles simsofaruguey”.

Lo mejor de todo era que se las dedicaban entre novios sin saber lo que significaba la letra. -¿Cuántas veces no hemos escuchado la frase de un papa diciendo con cara de Don Juan: “con esa canción enamoré a tu mama?”. Pero no importaba, lo que transmitía en realidad era la música, y no la letra.

A ellos les llamaron locos
A ellos les llamaron raros
A ellos les llamaron tontos con pelo de tonto
A ellos les llamaron tontos que visten como tontos… Y sin embargo, los que quedaron como tontos fueron quienes pronunciaron estas palabras.

De acuerdo a las estadísticas, la media de vida del ser humano en Europa es de 81 años. Las mujeres, vivimos diez años más que los hombres pues nos negamos a abandonar a nuestros hijos en la tierra –sin importar cuantos años tenga el hijo-, lo que arroja la cantidad de 91 años.

Si lo que nos apasiona es hacer empanadas de atún, hagamos empanadas de atún
Si lo que nos apasiona es limpiar cristales, limpiemos cristales
Te asegurará por una parte el éxito, y por la otra 91 años de felicidad.

Cuarenta años después de la disolución de la banda, nació este niño, y ahora canta para ustedes: Hey Jude (o en versión papá-mamá: Hey Yu )